Ñami, ñami, ya tengo un dientecillo… Bueno, ni siquiera lo tengo. Está saliendo todavía, pero con el trocito que hay ya soy una máquina de morder. Que se lo digan a mis padres y abuelos. Ah! Y a la pobre Laura, que hoy en la bañera le he mordido la rodilla. Estaba un poco dura para mi gusto, pero creo que a ella no le ha hecho mucha gracia esta aproximación.